Retorno al pasaje
que tanto me gustó ayer,
ya se ha hecho la noche
y las sombras vuelven
como figuras deformes,
el pulso acelerado me acalora.
-es de miedo la obra-
Reparo en que no me puse el té,
ni ese disco de Mozart,
y así, con la mente ausente,
me cambio de ropa…
Vuelvo a ese recoveco
del asesino y sus secuaces,
donde dejaron inerte,
a un médico,
su perro fiel
y Martín, su asistente.
Las sirenas de la policía
apagan otras melodías,
“los malos” escapan,
voy tras ellos,
… y paso página…
pero las sirenas parecen reales,
como si fueran cercanas…
Ahora me doy cuenta,
del fuego que proviene de mi estancia…
Y es que vacié mi pipa
sin mirar, donde caían las teas,
fue tras una sacudida,
-un sobresalto-
de esta novela
que me tiene embebida.
El agua moja mi alfombra,
unos cuantos libros flotan…,
los bomberos apagaron el fuego,
y “los malos” escapan…,
me quedo sin pasar a la hoja,
donde los atrapan.